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miércoles, 13 de octubre de 2010

DISCIPLINA Y AUTORIDAD CON LOS HIJOS


El lunes 11 octubre se llevó a cabo la Escuela para Padres "Disciplina y Autoridad con los hijos"
Una disciplina eficaz a la hora de aplicar los límites a nuestros hijos es lo más importante. Si nosotros presentamos una buena regla, nuestro hijo estará dispuesto a cumplirla porque lo que ellos quieren es agradarnos. Muchas veces no nos encontramos preparados para establecer los límites, nos falta habilidad para hacerlo. Hablamos demasiado, exageramos en la emoción y, en muchos casos, nos equivocamos en nuestra forma de expresar con claridad y con demasiada autoridad. Cuando necesitamos decir a nuestros hijos que deben hacer algo y “ahora” (recoger los juguetes, irse a la cama, etc) debemos tener en cuenta algunos consejos básicos.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Transmitir y comunicar AMOR a nuestros hijos...


Más allá del amor que se le tenga a un niño, la importancia radica en que ese niño sienta el amor.
Como padres, usamos un arsenal de modos de comunicar nuestro amor. Pero, desde que el mensaje sale de nosotros y llega a los pequeños, miles de posibilidades existen que algo de lo que originariamente se quiso transmitir, quede perdido para siempre. Además, es el propio niño el encargado de atribuir a nuestras palabras y actitudes, el sentido que él crea apropiado. Y es que la comunicación tiene algo de confuso y complicado. Por eso la transmisión del amor, a veces queda perdido en medio de palabras, actitudes o acciones.
Nuestra parte, en todo esto, es emitir mensajes capaces de ser felizmente decodificados. Enviarles material claro capaz de ser leído e interpretado como señales evidentes de cariño y amor. Y para esto, no bastan las palabras. Muchos padres se jactan de decir a sus hijos “te amo”, y sin embargo, algunos de sus hijos pueden no sentirse lo suficientemente valorados y amados por sus padres. ¿Cuál es la trampa en todo esto?
La palabra es algo muy importante; pero necesita el respaldo de acciones y actitudes que le hagan juego.
El amor y su posibilidad de transmisión reclaman tiempo; momentos de buena calidad. Momentos que no necesitan ser extensos, pero que requieren de un compromiso de padres hacia hijos. El amor necesita verdaderos encuentros. La posibilidad de que los niños se sientan queridos y respetados, tiene que ver con el tiempo compartido con ellos.
No cantidad, sino calidad de tiempò. Y la calidad del momento tiene que ver con nuestra posibilidad de producir un auténtico compartir. Estar con nuestros hijos no es poner el cuerpo y pensar en las cuentas que debemos pagar o en la cena de esta noche. No es hacer esfuerzos desmedidos porque no les falte nada de nada. No es tampoco SOBREPROTEGERLOS. No es hacer las cosas por ellos. No es darles las soluciones a todos sus problemas. No es responder sin haber escuchado… Estar con nuestros hijos es prestarles algo nuestro. Es darles, por lo que dure el encuentro, toda nuestra atención. Tarea que puede parecer sencilla; pero, que en medio de rutinas atestadas de trabajo y obligaciones, se convierte en un verdadero desafío.
Prestar atención significa estar con todos nuestros sentidos y pensamientos en el momento presente junto al pequeño. Dejar de lado todo lo demás, para ofrecer un espacio a alguien que realmente lo vale. Son estos momentos los que trasmiten un mensaje capaz de ser felizmente interpretado. “soy valioso”, “soy respetado”, “se me escucha”, “se me entiende”, “se me acompaña”, “soy querido”.
Propiciemos momentos que demuestren que nuestros hijos y sus circunstancias, no nos son indiferentes. Señalemos, con nuestra presencia, la importancia que tienen para nosotros nuestros hijos. Hagamos de esos instantes una provisión de riqueza para los niños. Démosle un lugar y un tiempo precioso, que les dé muestras del valor único del que son portadores. No habrá lugar a dudas. Los niños sentirán nuestro amor.

lunes, 30 de agosto de 2010

¿Voy a tener un HERMANIT@?


Sin duda es una circunstancia que ocasiona celos en la mayoría de los niños. Es muy importante hacer participar al hermano mayor en las tareas que conlleva la llegada de un bebé: preparar la cuna y la habitación, comprar la ropita... Hay que advertir a los familiares, en las visitas que nos realicen, eviten expresiones del tipo: "ahora sí que vas a tener que compartir", o "ya sabes, lo tendrás que cuidar porque el niño será muy pequeño y tú ya eres mayor" etc. Esto no haría más que sobrecargar al hermano mayor. También debemos evitar hacer coincidir varios acontecimientos con la llegada de otro hermano. Por ejemplo, no conviene quitarle el biberón coincidiendo con el nacimiento o llevarle a la guardería los días antes o después de que llegue el bebé. Entendería que el nuevo hermano le echa de su casa y que él se tiene que ir, pero mamá se queda en casa con su hermano-rival. También hay que tener cuidado con expresiones tan frecuentes como: "no lo toques", " No le cargues que se te va a caer" y sustituirlas por frases que estimulen sus actitudes: "qué bien lo cuidas" "ayúdame a bañarle". Es necesario involucrar a los hermanos en las tareas de cuidado del pequeño: el baño, darle de comer, pasearle, así como buscar determinados momentos para dedicarlo exclusivamente al hermano mayor. Un paseo a solas, leerle un cuento sólo a él, son algunas ideas para hacer que se sienta un poco “hijo único”. Hay que valorar a nuestros hijos delante de familiares y visitas, tratando de omitir todo comentario negativo sobre ellos.

Conviviendo con los celos

-Darles un lugar en los preparativos y adecuación del espacio en la casa para el hermano que va a nacer, así como también hacerlos partícipes de los cuidados de la barriga contribuye a anticipar la importancia del nuevo acontecimiento.
-Recordar y compartir anécdotas de su nacimiento y primeros meses; advertir sus logros y crecimientos puede ayudarlos a seguir construyendo su propio espacio en la estructura familiar.
Una vez que haya nacido el hermano, permitirle que colabore en sus cuidados, siempre que sea de su interés hacerlo, ya que es un modo de incluirlo en la nueva escena familiar.
-Sostener sus espacios de exclusividad y respetar sus lugares y pertenencias, lo que contribuye a afianzar su vínculo con los padres.
-Evitar frases que recriminen sus acciones: "¡No lo toques!", "¡Aléjate que no confío de ti!", "¡No lo cargues qué se te va a caer!"
-Estimular con expresiones positivas todo acercamiento: "¡Qué bien lo cuidas!" "¡Eres muy responsable!", "Ven que lo vas a bañar muy bien".
-Involucrar a los hermanos en las tareas de cuidado, higiene, alimentación etc.
-Procurar dar afecto a los hijos sin distinción de edad. En nuestra sociedad solemos prestar excesiva preferencia afectiva al niño pequeño omitiendo de forma bastante brusca e inconsciente la atención a los hermanos mayores.
-Valorar a nuestros hijos delante de familiares y visitas, tratando de omitir todo comentario negativo sobre ellos.
Lo más importante es la actitud que los padres asumen en relación al hecho. Si se incorpora el embarazo y nacimiento como algo natural y grato, los niños podrán expresar con espontaneidad sus sentimientos. Además, hay que tener en cuenta que los celos se relacionan con la capacidad de amar. El recién nacido despierta también en su hermano sentimientos de afecto que caracterizarán un nuevo vínculo. Transitar esta etapa favorablemente puede ser una experiencia enriquecedora ya que preparará a los niños a tolerar y superar futuras situaciones que generen sentimientos de celos y rivalidad a lo largo de su crecimiento.

EL DEPORTE Y LA ALIMENTACIÓN


Entre todas las cosas que nos prometemos cada inicio de un nuevo año al mirarnos en el espejo y ver los kilitos que dejo el pavo, el chanchito, el puré de manzana, el chocolate caliente, los tamilitos y tantas cosas sabrosas que tiene nuestra comida peruana ¡Tentación para cualquier comensal! Es…
¡Este año si voy a bajar de peso! ¡Comeré solo lo que necesita mi cuerpo!
Muy emocionados armamos una rutina de ejercicios, un horario de alimentación, no sólo para nosotros, sino también para nuestros hijos, buscamos un gimnasio o personal trainer, clubes deportivos, clases de natación y nos sentimos enrumbados en nuestra misión de cuidar nuestro cuerpo. Sin embargo, muchos bajan del barco cuando termina el verano. El invierno, con su humedad, se convierte en la justificación perfecta para los desordenes alimenticios y el olvido de los deportes. Entonces, revisemos: ¿Cuántos, que producto de un desorden alimenticio y la escasez de deporte en sus vidas, están sufriendo de problemas gastrointestinales, de reumatismo, de anemia, de estrés, de ansiedad, entre otras enfermedades?.
Tampoco pretendemos tener una población llena de Barbies y Kens porqué ellos no son seres humanos, ni nacieron en el Perú, cuna de la más rica comida en el mundo. Entonces la meta de comer saludable y hacer deporte es mejorar nuestra calidad de vida, cuidando nuestra salud.

Leamos algunos beneficios que puede obtener nuestro hijo de la práctica deportiva:
-Le enseña a seguir reglas.
-Le ayuda a superar la timidez.
-Frena sus impulsos excesivos.
-Le hará más colaborador y menos individual.
-Le hará reconocer y respetar que existe alguien que sabe más que él.
-Produce un aumento generalizado del movimiento coordinado.
-Expande sus posibilidades motoras.
-Aumenta su crecimiento.
-Puede corregir posibles defectos físicos.
-Potencia la creación y regularización de hábitos.
-Desarrolla su placer por el movimiento.
-Estimula la higiene y la salud.
-Le enseña a tener responsabilidades.
-Habituación a la vida al aire libre
-Adquisición de autocontrol
-Adquisición de autodisciplina
-Asimilación de éxitos y frustraciones.
-Contacto interpersonal Integración social
-Adaptación al juego en grupo
-Adquisición de valores personales.

Beneficios que obtenemos nosotros en la práctica deportiva:
-Disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en general y en especial de mortalidad por cardiopatía isquémica en grado similar al de otros factores de riesgo como el tabaquismo.
-Previene y/o retrasa el desarrollo de hipertensión arterial, y disminuye los valores de tensión arterial en hipertensos.
-Mejora la regulación de la glucemia y disminuye el riesgo de padecer diabetes.
-Mejora la digestión y la regularidad del ritmo intestinal.
-Disminuye el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, como el de colon, uno de los más frecuentes y sobre el que al parecer existe mayor evidencia.
-Incrementa la utilización de la grasa corporal y mejora el control del peso.
-Ayuda a mantener y mejorar la fuerza y la resistencia muscular, incrementando la capacidad funcional para realizar otras actividades físicas de la vida diaria.
-Ayuda a mantener la estructura y función de las articulaciones.
-Ayuda a conciliar y mejorar la calidad del sueño.
-Mejora la imagen personal y permite compartir una actividad con la familia y amigos.
-Disminuye la mortalidad tanto en adultos jóvenes como en los de mayor edad, siendo incluso menor en aquellos que tan sólo mantienen un nivel de actividad física moderado que en los menos activos o sedentarios.
-Por último, todos estos beneficios tendrán una repercusión final en la reducción del gasto sanitario. Este es un argumento de peso para que tanto las administraciones públicas como privadas apoyen la promoción de la actividad física en todos los estamentos de nuestra sociedad.

Alimentos que debemos consumir cuando hacemos deporte:

-Si se practica deporte por la mañana, es fundamental disfrutar de un desayuno completo que incluya lácteos, cereales, fruta o zumo y complementos.

-Si la actividad es por la tarde, conviene realizar una comida sencilla y sin demasiadas grasas dos horas antes de comenzar. Por ejemplo: un plato de tallarines, arroz o verdura con papa, carne o pescado con guarnición vegetal y pan, y una fruta o algún lácteo. Si se trata de un bocadillo, es preferible que sea de tortilla de papa, acompañado de fruta y/o zumo, batido de chocolate o infusión azucarada, ya que de este modo aseguramos un buen aporte de hidratos de carbono.

-Si la actividad se prolonga más de una hora, conviene que cada 60 minutos nos tomemos un descanso para beber e ingerir algo sólido que contenga hidratos de carbono (galletas, chocolate, etc.), lo que nos permitirá mantener mejor el ritmo de ejercicio.

lunes, 9 de agosto de 2010

VEN Y PARTICIPA!...

Inscripciones hasta el 17 de agosto en el Departamento de Picología. Ps. Rocio Bravo Shuña.

viernes, 23 de julio de 2010

Los Niños y el Televisor


El mirar televisión es uno de los pasatiempos más importantes y de mayor influencia en la vida de niños y adolescentes. Los niños en los Estados Unidos miran la televisión durante un promedio de tres a cuatro horas al día. Para el momento en que se gradúan de la escuela secundaria habrán pasado más tiempo mirando televisión que en el salón de clase. Mientras la televisión puede entretener, informar y acompañar a los niños, también puede influenciarlos de manera indeseable.

El tiempo que se pasa frente al televisor es tiempo que se le resta a actividades importantes, tales como la lectura, el trabajo escolar, el juego, la interacción con la familia y el desarrollo social. Los niños también pueden aprender cosas en la televisión que son inapropiadas o incorrectas. Muchas veces no saben diferenciar entre la fantasía presentada en la televisión y la realidad. Están bajo la influencia de miles de anuncios comerciales que ven al año, muchos de los cuales son de bebidas gaseosas, comidas de preparación rápida y juguetes. Los niños que miran demasiada televisión están en mayor riesgo de:
-Sacar malas notas en la escuela.
-Leer menos libros.
-Hacer menos ejercicio.
-Estar en sobrepeso.

La violencia, la sexualidad, los estereotipos de raza y de género, el abuso de drogas y alcohol son temas comunes en los programas de televisión. Los jóvenes impresionables pueden asumir que lo que se ve en televisión es lo normal, es seguro y es aceptable. Por consecuencia, la televisión también expone a los niños a tipos de comportamiento y acititudes que pueden ser abrumadores y difíciles de comprender.

Los padres deben ayudar a sus hijos a tener experiencias positivas con la televisión. Para ello, es necesario:
-Mirar los programas con los hijos.
-Escoger programas apropiados para el nivel de desarrollo del niño.
-Poner límites a la cantidad de tiempo que pasan ante la televisión (a diario y por semana).
-Apagar la televisión durante la horas de las comidas y del tiempo de estudio.
-Apagar los programas que no les parezcan apropiados para su niño.

Además, los padres pueden hacer lo siguiente: no permitir a los niños mirar televisión por horas de corrido; al contrario, deben de seleccionar programas específicos para los niños. Seleccionen programas que sean adecuados para el nivel de desarrollo de su niño. Los programas de niños en la televisión pública son apropiados, pero las novelas, las comedias para adultos y los programas de conversación de adultos no lo son. Establezcan ciertos períodos cuando el televisor esté apagado. Las horas de estudio deben dedicarse al aprendizaje, no son para sentarse frente a la televisión mientras tratan de hacer la tarea. Las horas de las comidas son tiempo para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión.

Estimule discusiones con sus hijos sobre lo que están viendo cuando están mirando un programa juntos. Señaleles el comportamiento positivo como la cooperación, la amistad y el interés por otros. Mientras están mirando, hágale conexiones con la historia, libros, lugares de interés y eventos personales. Hábleles de sus valores personales y familiares y cómo se relacionan con lo que están viendo en el programa. Pidale a los niños que comparen lo que están viendo con eventos reales. Dejeles saber las verdaderas consecuencias de la violencia. Discuta con ellos el papel de la publicidad y su influencia en lo que se compra. Estimule a su niño para que se envuelva en pasatiempos, deportes y con amigos de su misma edad. Con la orientación apropiada, su hijo puede aprender a usar la televisión de una manera saludable y positiva.

Fuente:American Academy of Child and Adolescent Psychiatry

jueves, 22 de julio de 2010

Estimulando la Inteligencia Emocional en los niños




• Dar nombre a los sentimientos: Ser capaces da nombrar emociones como la cólera o la tristeza, les ayuda a reconocer esas emociones cuando las sienten. Y saber qué es lo que sienten les puede ayudar a sobrellevar ese sentimiento. Enséñele a su niño a reconocer emociones (alegría, tristeza, cólera, miedo) a través de cuentos, tarjetas con dibujos, etc.
• Relacionar gestos con sentimientos: Es importante que el niño aprenda a identificar emociones en otras personas, de esta manera desarrollará la empatía. Haga gestos de sorpresa, tristeza, cólera, alegría, temor…, converse con él acerca de las emociones que podrían estar sintiendo los personajes de un cuento o los actores de televisión.
• Orientarlos: Una vez que sus hijos sepan reconocer sus emociones, déles normas básicas para enfrentarse a ellas. Una buena norma es "Cuando expreses tu enfado no puedes hacerte daño ni a ti, ni a los demás, ni a las cosas”. Explique a sus hijos lo que sí pueden hacer. Por ejemplo: correr en el jardín, dibujar figuras enfadadas, dar puñetazos a una almohada, arrugar un periódico, etc. Hacer esto no es malo, al contrario, expresar lo enojado que se siente es saludable, siempre que se exprese de manera aceptable. Además de ello se debe enseñar al niño a relajarse cuando estén nervioso o disgustado, anímelo a respirar hondo mientras cuentan hasta tres y a expulsar despacio el aire. O dígale que cierre sus ojos y tensen los músculos, cuenten hasta seis y relajen los músculos.
• Actuar con empatía: En los niños más pequeños es recomendable reconocer sentimientos en ellos mismos y en los demás, empiece con las actividades de “Dar nombre a los sentimientos" y “Relacionar gestos con sentimientos". También puede hacer juegos de imitar los gestos del compañero, estas actividades permiten “ponerse en el lugar del otro”.
• Alabar lo positivo: Felicítelos cuando sus hijos se enfrenten bien a sus emociones o muestren preocupación por los demás, dígales que usted se da cuenta de ello. Ejemplos: “Muy bien hecho lo de marcharte a tu cuarto a tranquilizarte”.
• Enséñele con el ejemplo: Esta es la mejor manera para que sus hijos entiendan cómo expresar adecuadamente las emociones, sin causar daño. Por ejemplo si ha pasado un mal día en la oficina, váyase de paseo en lugar de gritar y desquitarse con los demás. Otras estrategias para calmar el estrés son: respirar hondo, darse un baño caliente, llamar a un amigo o escribir en su diario. Si tiene una explosión de mal genio delante de sus hijos, hable luego con ellos. Cuénteles por qué estaba enfadado. Luego explíqueles que se enfrentó a sus sentimientos de forma equivocada y que intentará hacerlo mejor la próxima vez